sábado, 16 de febrero de 2013

El futuro necesita un impulso


En el año 2000, los líderes mundiales se reunieron en la Sede de Naciones Unidas para elaborar la Declaración del Milenio, que los comprometía a establecer una serie de propósitos cuyo plazo de vencimiento fijaron para el año 2015. Estos se condensan en ocho puntos, conocidos como los Objetivos de Desarrollo del Milenio, y enuncian una serie de metas de carácter universal que buscan lograr un mayor bienestar y desarrollo social. Uno de estos objetivos, imprescindible para lograr alcanzar el resto, es conseguir instaurar la enseñanza primaria universal. El informe de la ONU lo resume proponiendo que “para el año 2015, los niños y niñas de todo el mundo puedan terminar un ciclo completo de enseñanza primaria”. En el texto se apunta que a pesar de los ilusionantes avances es poco probable que se alcancen los objetivos antes del plazo establecido.

En caso de no cumplirse finalmente esta aspiración, las posibles consecuencias son obviamente poco esperanzadoras, y más si tenemos en cuenta que los países con dificultades son los menos desarrollados. Dejar a un pronunciado porcentaje de niños sin escolarizar en estos territorios supone añadir un lastre muy pesado a su ya precario desarrollo. Es por tanto lógico concluir que es crucial acabar con esta dinámica para obtener resultados en otros aspectos irrenunciables para el desarrollo humano, como la igualdad entre géneros, la sostenibilidad del medio ambiente o la lucha contra el SIDA. Y para ello es imprescindible la consecución de otro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio: “Erradicar la pobreza extrema y el hambre”, además de lograr una mínima estabilidad, acabando por ejemplo con los posibles conflictos bélicos que convulsionen a la población. Enmendando el presente se puede tener esperanza en el futuro.
Es una realidad que si un niño no puede alimentarse, o que si para hacerlo necesita ir a trabajar, es absurdo pretender que acuda a la escuela. Poblaciones perseguidas o amenazadas por una guerra no tendrán como un valor prioritario el escolarizar a sus hijos, ni contarán con los medios para llevarlo a cabo. Asimismo, los desastres naturales, la presencia de enfermedades, la dificultad para tratarlas o las largas distancias con los centros escolares pueden ser motivos que propicien el abandono del aprendizaje. Por tanto el primer trámite es asentar una base solida en estos países, en la que puedan apoyarse para trazar su propio camino. La mentalidad debe ser la de enseñar a pescar en vez de dar peces, favoreciendo el avance de las naciones con sus propios medios, pero es improbable pescar sin redes o en rio un revuelto, por lo que proporcionar infraestructuras y fomentar la estabilidad suponen un impulso necesario.
Proyectos de ayuda como el de UNICEF, que busca una mejora del nivel de vida priorizando a los más pequeños, deben ser los primeros pasos de esa ruta para alcanzar la enseñanza primaria con total garantía y en todo el globo. Las políticas deben ir dirigidas a dotar de unas características óptimas el desarrollo de la labor educativa, movilizando los recursos a favor de la conquista de una sociedad en la que la educación, y especialmente la primaria, sea una institución accesible e imprescindible para la población. El mantenimiento de este rango mínimo de bienestar que haga posible la escolarización debe ser constante, y mantenerse en situaciones extremas como o desastres naturales o conflictos armados de gran envergadura.
Se trata en definitiva de romper las cadenas que impiden el desarrollo de estos países, y de proporcionar oportunidades a sus ciudadanos. Si en su infancia no quedan atrapados en la cárcel del trabajo o la enfermedad tendrán la oportunidad de formarse, aumentando sus opciones y mejorando su desarrollo personal, lo que repercutirá en la propia evolución de la sociedad. Pero es necesario dar este primer impulso con el que cualquier nación pueda alcanzar el objetivo de la educación primaria universal, a partir del cual además muchos de los Objetivos de Desarrollo del Milenio serán por fin viables.

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