sábado, 16 de febrero de 2013

Respuestas austeras


En España y, no nos engañemos, también en Europa, no es la derecha sino la pasividad quien goza de mayoría absoluta. O quizá la inoperancia. Las tenues llamas revolucionarias se prenden más fruto del la desesperanza que de la pasión, y son sofocadas sin producir demasiada humareda. El hartazgo no parece buen combustible. Y más cuando los “enemigos”, invirtiendo el argot que nos traslada el Estado, utilizan el miedo y la mentira de forma tan eficaz.

Se echa en falta pues una respuesta que no nazca de mentes desalentadas, si no fruto de la pasión de unos hombres y mujeres que creen en sus ideas y no funcionan en oposición a las del de arriba. Un movimiento social que catalice a todo parado, indignado o cabreado, cualquiera que desee cambiar las cosas. Combatir desde todos los ámbitos sociales como un frente unido.
El momento no podría ser más oportuno, en un contexto donde términos como “lucha de clases” emergen de nuevo y se desempolvan las viejas clasificaciones de “burguesía” y “proletariado”, como bien apunta Andrés Ortega en el articulo “El regreso de la lucha de clases”, publicado en El País, en el que analiza la evolución de las sociedades occidentales en los últimos años. Es obvio que la situación no es la del s. XIX, o la de la Gran Depresión. Puede que sea peor. De hecho, algunos analistas, como el premio Nobel de Economía Paul Krugman, ya señalan que la crisis actual está alcanzando cotas hasta ahora desconocidas. Por tanto, las consecuencias sociales también lo serán.
Los peligros de esta situación son diversos. Ya que no solo retornan antiguos fenómenos, también aparecen nuevos. Como el llamado  “precariado”, concepto desarrollado por la Fundación Friedrich Ebert,  que hace referencia a esa masa social, formada por varias generaciones, que vive situaciones de precariedad que acaban provocando su exclusión social y económica.  Según Guy Standing, catedrático de Seguridad Economica de la Universidad de Bath (Reino Unido), son personas expuestas a todo tipo de extremismos y populismos, que han perdido su identidad y viven alienados. Un ejemplo claro de como los “no ricos” son cada vez más pobres también ideológicamente.
Mientras, se enarbola la bandera de la crisis para justificar el descuartizamiento del Estado del Bienestar. Los recortes, disfrazados de reformas curativas, dilapidan los grandes avances conseguidos en Dependencia, Sanidad, Educación y Pensiones, además de acabar con el derecho laboral y la negociación colectiva. Todo ello auspiciado por un Estado en continuo retroceso democrático, que utiliza su holgada mayoría en las urnas para actuar de forma unilateral, ignorando al resto de la sociedad.
Esta actitud traspasa fronteras, e incluso llega a las relaciones entre países. Casos como el de Grecia nos muestran cómo una nación entera puede quedar aplastada por haber sucumbido a los poderes económicos que dominan las relaciones internacionales. Estos países quedan humillados, y a sus ciudadanos se les castiga por errores que no han cometido. Y se sumergen cada vez más en la pobreza, al verse obligados a poner en marcha un drástico plan de ajustes y recortes que los ahoga.
Ante este capitalismo autoritario emergente, reflejado en la obra de Ivan Krastev “El capitalismo autoritario contra la democracia”, la única respuesta razonable es una contestación social activa. El último movimiento en esta dirección viene comandado por un veterano líder de la izquierda, Julio Anguita, que se ofrece como referente de un frente cívico interclasista que reaccione frente a la situación de crisis económica y social.
Cuando quedarse perplejo no es una opción, se hace imprescindible una respuesta social que trate de trasformar la realidad y recuerde a la población que la unión y las ideas tienen verdadera fuerza de cambio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 2.5 España.